La nueva central Badalona II incrementó la capacidad eléctrica, pero generó fuertes críticas por contaminación atmosférica.
En 1965, FECSA inauguró la central térmica Badalona II para responder al crecimiento sostenido del consumo energético metropolitano. Con una potencia cercana a 320 MW y alimentada por fuelóleo, supuso un salto relevante en capacidad productiva respecto a Badalona I. Sin embargo, el aumento de emisiones de partículas, hollín y gases derivados de la combustión intensificó la preocupación vecinal por la calidad del aire. Las instalaciones evidenciaron el coste ambiental del modelo energético de la época y anticiparon el debate social que acompañaría posteriormente a la construcción de la central.

