La construcción de grandes bloques sustituyó antiguos campos y asentamientos precarios.
Entre 1954 y 1964 se desarrolló un amplio conjunto residencial en la franja del Besòs y el Maresme, en terrenos hasta entonces agrícolas. El proyecto respondió a la necesidad de realojar a población inmigrante que vivía en barracas, especialmente del Somorrostro, dentro de las políticas de vivienda urgente de la época. Los bloques se levantaron sin urbanización completa ni equipamientos suficientes, que se lograrían más tarde mediante reivindicaciones vecinales. Este proceso transformó acequias y campos fértiles en un nuevo tejido urbano de gran escala, marcando el inicio de una profunda mutación del paisaje litoral y metropolitano.

