Tres bloques de 350 MW configuraron una de las mayores centrales térmicas del Mediterráneo.
Entre 1971 y 1976 FECSA construyó los tres bloques de la central de Sant Adrià, conocidos como San Adrián I, II y III, cada uno con 350 MW de potencia. El conjunto alcanzó 1.050 MW y operaba como instalación supletoria para cubrir picos de demanda, llegando a aportar hasta el 30 % del consumo catalán en momentos críticos. Inicialmente previstas dos chimeneas, la ampliación obligó a incorporar una tercera, lo que explica su disposición no equidistante. La planta generó empleo y actividad económica, pero también elevadas emisiones de dióxido de azufre y otros contaminantes.

